NARCO/POPULISMO EN LA POLÍTICA

Todos lo conocen e identifican, de manera coloquial, como crimen organizado y narcotráfico.

Y todos lo han visto actuar de manera pública, con total impunidad en estados como Nuevo León, Guanajuato, Tamaulipas y Veracruz, entre otros, en donde las bandas criminales recurren a la dádiva, entrega de despensas, alimentos básicos y dinero a habitantes de barrios pobres.

¿A cambio de qué se entrega el llamado “narco-populismo” a los pobres de las regiones bajo control criminal?

Casi nada, a cambio de que los sectores marginados den su apoyo social a criminales y narcotraficantes.

Y por supuesto que el peculiar narco-financiamiento, que además es lavado de dinero, a los más pobres y olvidados lleva el compromiso de que esa porción social se movilice contra el Ejército.

En pocas palabras; el dinero de las mafias se socializa hacia los sectores marginados, a los que se confronta contra las instituciones del Estado que, precisamente, combaten a criminales y narcotraficantes.

En el fondo, y a partir de esa peculiar mutación camaleónica propia de las organizaciones mafiosas, que ante una crisis económica como la que se vive los hacer ver, a los ojos del lumpen, como benefactores caídos del cielo, las bandas criminales parecen haber mudado armas y estrategia para combatir a militares y policías.

Lo que vemos con frecuencia no es más que la comprar protección social, a cambio de dádivas y dinero. Sutil corrimiento estratégico. Antaño los grupos mafiosos enviaban sicarios y potentes arsenales contra las instituciones militares y policíacas, que son sus adversarios naturales.

Ahora lanzan a los grupos marginados, movidos por el combustible del dinero y amparados en el anonimato y la impunidad, contra policías y militares.

En el fondo las mafias movilizan un escudo humano, de ciudadanos marginados, contra las instituciones del Estado. ¿Estamos ante nuevas tecnologías de movilización y creación de base social, ahora por parte de las bandas mafiosas?

Por supuesto que no. En realidad los estrategas de los cárteles del crimen organizado recurren a idéntica tecnología empleada por los partidos políticos por décadas, sobre todo por el PRI, para engordar militancia, base social y votos.

¿De qué vivió durante décadas el PRI, y viven todos los partidos? Está claro que de una estrategia similar o parecida. El PRI tenía su base social en los sectores marginados, a los que igual que las bandas criminales entregaban dádivas, despensas, regalos
Y es que parece que el narcotráfico entendió que todo y casi todos tienen precio.

Y hasta le sale barato movilizar a sectores marginados contra las instituciones. Resulta que en Guanajuato, Sinaloa, Sonora y Querétaro, entre otras entidades, se han reportado en meses recientes repetidos asaltos y saqueos a transportes y bodegas de productos básicos y utensilios domésticos.

A pesar de que en casi todos los casos se ha documentado que detrás de esos asaltos aparecen bandas criminales que regalan o malbaratan entre sectores marginados el producto de los saqueos, el fenómeno ha querido ser presentado como una reacción espontánea de los pobres para hacer frente a sus emergencias de supervivencia.

Los saqueos y asaltos de decenas de toneladas de básicos quieren ser presentados como robos por hambre de los desesperados y desposeídos que abundan en todo el país.

No faltan, incluso, los que pretenden emparentar el fenómeno como la moderna expresión del muy mexicano “Chucho el Roto”, o del británico Robin Hood, en donde los barones del crimen organizado y el narcotráfico se habrían convertido en benefactores de los pobres, a cambio de que esos sectores protejan a los mafiosos.

Lo cierto es que con un poco de memoria se podrá comprobar que el primero en emplear el “narcopopulismo” fue el mayor narcotraficante de la historia, Pablo Escobar, quien igual que los narcos mexicanos regalaba dinero, víveres, despensas, dinero a los pobres.

Pero existe una pregunta aún más preocupante. ¿Cuántos diputados, gobernadores, puede ganar el narcopopulismo? No falta mucho para ver el narcopartido político. Por lo pronto los partidos encontraron la horma de su zapato. Al tiempo.

Vicente Oria Razo/NTX*

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