CONDUCTOR NARRA CÓMO SE DESPLOMÓ LA “BALLENA”

Rodrigo García es el conductor de la Línea 12 del Metro que se fue al vacío al derrumbarse la plataforma de los rieles, conocida como la “ballena”.

Él narró a los medios cómo vivió esos momentos de tragedia:

“Antes de entrar a la estación Olivos, el tren se levanta, se zangolotea [zarandea]”, dice con voz calma.

“En medio de la sacudida del cableado, el conductor observó que la caja BS, que indica las fallas del vehículo, marcaba que se había cortado la corriente y los disyuntores. Instantes después se apagaron todos los monitores de la unidad, pero alcanzó a meter el freno de emergencia, justo tiempo para impedir que más vagones cayeran y la tragedia fuera mayor.

“El tren se siguió deslizando y la parte delantera alcanzó a entrar en la estación. “Cuando se llega a detener, observo hacia el frente y no veo nada”, recuerda.

“El conductor cuenta que intentó salir, pero la puerta de la cabina estaba trabada y tuvo que abrirla manualmente con una llave de triángulo.
“Salgo, me asomo y cuando volteo hacia atrás veo humo”, relata García.
“Avanzo hacia adelante, hacia el andén y tomo el teléfono de señal, con el que nos comunicamos directamente con los reguladores, nuestros jefes, para informar o reportar cualquier situación”, agrega.
“A partir de esa comunicación, los reguladores de la red deciden cortar la corriente en toda la Línea 12.

— Le informo: veo presencia de humo, veo que hay gente saliendo del tren.

— OK, compañero. Proceda a tranquilizar y hable con la gente—, le dijo la reguladora.

“El conductor comenzó a recorrer los cinco vagones que se habían mantenido a la altura del andén y abrió las puertas manualmente para que las personas pudieran salir de los vagones.
“Hubo un corte de corriente, tranquilícense, ahorita los vamos a desalojar”, les gritaba a los pasajeros, que se pegaban a las ventanas para tratar de escuchar. La gente en los vagones estaba tranquila, no sabía lo que estaba pasando.
“Nadie estaba corriendo, todos bajaban caminando”, comenta, “hasta había gente saliendo por la cabina”.

“Desciendan, por favor. Todos desalojen”, gritaba García. “Cuando volteo, me encuentro con el jefe de estación que me dice: ‘tu tren se descarriló”.

“El conductor no lo podía creer. El encargado de la parada Olivos estaba ayudando a gente que intentaba salir y se fue poco después a informar a los reguladores.

“La gente estaba saliendo por la parte que se degolló del tren, donde se desprendieron los vagones, para llegar al andén”, comenta.

“Cuando se quedó solo sobre la vía se dio cuenta de que algo andaba peor de lo que esperaba: “Lo que yo pensaba que era humo, era polvo. Todo lo que se veía era polvo”.

“A su regreso, el inspector y él fueron autorizados para ir a ver qué había pasado en la parte trasera del convoy. “Tu tren no se descarriló”, corrigió el inspector, “la ballena [plataforma] se cayó, se desplomó todo esto”.

— Le informo: estoy aquí en la interestación Tezonco-Olivos. Le informo: la ballena se desplomó.

—¡¿Cómo que se desplomó?!  —, le dijo estupefacta la reguladora.

“Después de colgar en el teléfono de señal, García volvió a la vía y entró al último vagón que había logrado mantenerse sobre el puente.

“Había tres personas en el piso desmayadas”, cuenta. “Veo y llego a una parte donde había un brazo, nunca vimos las demás partes del cuerpo”, relata.

“De acuerdo con su testimonio, dentro del tren había también viajeros conscientes que se habían quedado cuidando a otras personas que resultaron heridas. Un señor se quedó viendo por su esposa: “Le dije quédate con ella, apóyala, no te muevas de ahí, no te separes”.

— Si no eres familiar, por favor, desciende.

— Es que mi amigo se quedó atrás, en el otro vagón—, le dijo un chico.

— ¿Cuál vagón?

— El que se cayó.

“Los pasajeros de los primeros cinco vagones lograron, en su mayoría, salir por su propio pie, dice García. Los dos últimos del convoy se colapsaron sobre la avenida Tláhuac.

“El tren, según los cálculos del conductor, iba a tres cuartas partes de su capacidad.

“Hubo un momento en el que estábamos ahí viendo donde estaba más gente [en una de las unidades que se cayeron], escuchamos ruidos y empezamos a gritar: ¿Hay alguien ahí?”, narra García, “y después empiezan a gritar y pegar en el tren que estaba abajo, hacia la avenida. La Policía Auxiliar se acerca para romper una ventana y logran sacar a un chavo”.

“Rodri, ¿estás bien?”, le preguntó una de sus compañeras cuando salió del andén.

“Me abrazó y me puse a llorar”, confiesa.

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